La soledad en los mayores

Envejecer es una etapa más del ciclo vital de una persona. Cómo lo hacemos tiene mucho que ver con la trayectoria de cada uno. La esperanza de vida de las personas en España se sitúa a la cabeza de la Unión Europea, con setenta y nueve años para los hombres y ochenta y cinco años para las mujeres, lo que la convierte en uno de los países con una mayor evolución de esperanza de vida a lo largo del siglo XX, especialmente desde los años cincuenta.

Envejecer, como sociedad, es un éxito, según nos indican los demógrafos como, por ejemplo, Julio Pérez, pero la calidad de vida de los últimos años de vida es motivo de preocupación y debate desde distintas disciplinas. En estos últimos años de vida es cuando se produce cada vez más el fenómeno de la soledad no deseada por parte de las personas mayores. Para hablar de la soledad en las personas mayores, es necesario distinguir entre la decisión voluntaria de una persona de vivir sola o de realizar actividades sola, y el sentimiento negativo asociado a la falta de relaciones sociales y apoyo emocional.

Para aclarar el concepto de soledad, la psicóloga Lourdes Bermejo nos la describe así: “La soledad es una experiencia subjetiva que se produce cuando no estamos satisfechos o cuando nuestras relaciones no son suficientes o no son como esperaríamos que fueran” (2005 ). Así pues, la soledad es un sentimiento subjetivo que incide en la percepción de vida de las personas mayores, en sus relaciones, su autoestima y su calidad de vida. Por lo tanto, debemos tener presente que el impacto de este sentimiento negativo afecta a todas las esferas de la persona mayor. Los sentimientos negativos asociados a la falta de relaciones sociales, la baja percepción de uno mismo y respecto a la vida, y la subjetividad de sentirse solo estando o no acompañado quedan más invisibilizados y agravados en el contexto de crisis.

Se pueden distinguir cuatro tipos de soledad:

  • Soledad familiar: se produce cuando hay una falta de apoyo de la familia o cuando la persona mayor no percibe el apoyo como idóneo. Así pues, puede darse tanto si la persona mayor no tiene familia como si la tiene pero la valoración que de ella hace no le es óptima.
  • Soledad conyugal: se da cuando hay una ausencia de sentimiento de amor en la pareja, ya sea porque la relación no es adecuada, ya sea porque se ha producido la pérdida de la pareja. Este último hecho se convierte en un momento vital de mucha importancia en la etapa final de la vida, debido al impacto emocional que supone y la gran dificultad de vivir con la ausencia del ser querido.
  • Soledad social: se produce cuando hay carencias en las interacciones de las relaciones sociales de la persona mayor. A menudo pueden producirse reacciones de retraimiento por parte de las personas mayores que son consecuencia de sus valoraciones.
  • Crisis existencial: proviene de un conflicto en la autopercepción de la persona. Cuando la persona mayor piensa o siente que no vale la pena seguir viviendo o que no encuentra el sentido para ello. Se da con frecuencia tras producirse una pérdida importante, bien de autonomía o de salud, o bien la pérdida de un ser querido.

Las consecuencias de la soledad se extienden a todas las clases sociales, y, con la crisis, se añade la carga de la intranquilidad vivida por parte de las personas mayores, puesto que se augura para las generaciones venideras una peor calidad de vida que la de las personas mayores actuales.

Ya existen estudios que demuestran la incidencia negativa del sentimiento de soledad no deseada en el ámbito de la salud, concretamente los que relacionan directamente soledad y enfermedad. En un estudio de la Universidad de Chicago, Louise Hawkley demostraba que el dolor social de no sentirse escuchado o integrado dentro de la sociedad tiene efectos nocivos, como el aumento de riesgo de padecer enfermedades coronarias y cardiovasculares, o incluso la afectación de los sistemas neuroendocrino e inmunológico. La soledad en las personas mayores es uno de los grandes enemigos del bienestar de nuestros mayores. Es un tema preocupante, ya que su calidad de vida no solo implica un buen estado físico, sino también emocional. La tristeza roba las ganas de vivir a muchas personas mayores que se sienten solas.

Una cosa es vivir solo y otra muy diferente sentirse solo.

El colectivo entre el que más se incrementa la soledad no deseada es el de las personas de 65 o más años que viven solas. Son casi 2 millones en España, de los cuales el 41,7% corresponden a los hogares unipersonales.

La familia debe incentivar que sus seres queridos mantengan su actividad social, disfruten del ocio y se sientan útiles y realizados.

Personas mayores autónomas.

Existen muchos recursos para evitar la soledad de las personas mayores, como puede ser la participación en programas de voluntariado, asociaciones culturales, deportes, manualidades, cursos y talleres. También hay lugares donde realizar estas funciones al mismo tiempo que se mantiene una buena actividad social. Los tradicionales viajes del IMSERSO son también una buena opción para el ocio de la persona mayor.

Envejecer viviendo en soledad constituye una conquista social asociada al incremento de la longevidad y a la existencia de un número cada vez mayor de personas que tienen competencias suficientes para vivir solas con plena autonomía e independencia. En España, ya son más del 25 % de la población, 4.585.200 personas. De ellas, en torno a 1.854.000 han superado los 65 años y siete de cada diez son mujeres.

Las personas que envejecen pueden poner en marcha diversas acciones para vivir con autonomía e independencia, disfrutando de la soledad y evitando el aislamiento social. Pero necesitamos que la sociedad, desde sus diferentes generaciones, visibilice las dimensiones de la soledad y explore un conjunto de intervenciones para prevenir sus efectos negativos.

One thought on “La soledad en los mayores

  1. Si saber envejecer con calidad de vida depende de cada uno de nosotros, no debíamos perder el tiempo y si aun tomamos decisiones solos, optar por elegir vivir en una comunidad donde estemos acompañados siempre, realizando las actividades que nos gustan y que fomentarán nuestra longevidad.

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